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28 dic 2013

El Artista Marcial Completo


En muchas ocasiones me toca lidiar con amigos, conocidos y parientes cuando sale a relucir mi afición por las artes marciales, más concretamente el Karate.
Tetsuhiro Hokama 10º Dan

Más allá de las típicas bromas de "cualquiera se mete contigo", "a ver hazme una llave", "eres una máquina de matar", "oh a ti se te considera arma blanca", las cuales consigo desviar rápidamente diciendo que no soy tan bueno, o cambiando rápidamente de tema (¿se podrá considerar esto algún tipo de habilidad nija?), lo que mas parece llamar la atención de la gente es por qué sigo entrenando a pesar de haber llegado al cinto negro.

Esta pregunta es mucho mas compleja que las anteriores y suelo responder que entreno por que me gusta, lo cual es una verdad como un templo, pero una tras otra pregunta sobre el mismo tema me hacen preguntarme el verdadero porqué de seguir entrenando, tanto yo como cualquier artista marcial que haya llegado a la supuesta cima de su disciplina. 
¿por que el campeón del mundo de la UFC sigue entrenando?, ¿por que aquel gran maestro residente en Okinawa que ostenta el 10º Dan sigue entrenando? ¿no creen haberse completado como artistas marciales?

De lo cual extraemos la cuestión que titula este artículo, ¿cuándo se puede considerar que un artista marcial es completo?
Esta pregunta se puede afrontar de diversas formas, según el tipo de arte marcial que practiquemos.



Podríamos considerar artista marcial completo a aquel luchador que entrenando duro ha logrado dominar todas las fases del combate cuerpo a cuerpo, desde el uso del golpeo de brazos y piernas, hasta el mas puro forcejeo en el suelo, sabiendo moverse en todas las distancias, pegar, agarrar, tirar, luxar, estrangular...
Pero el campeón de la UFC, la organizacion de combate con pocas reglas más famosa del mundo, sigue entrenando día a día, ¿si fuese un luchador completo por que entrenaría?

También podríamos considerar artista marcial completo a aquel que en su disciplina ha llegado a lo más alto, pongamos un ejemplo diametralmente opuesto a las MMA, el kumite de Karate Deportivo WKF o JKA.
aquel karateka que controle la distancia, el timing, conozca las reglas, sus virtudes y defectos, sea veloz, explosivo, y domine perfectamente las técnicas más efectivas para este tipo de combate podría ser un ejemplo del artista marcial completo.
Pero el campeón del Mundo de la WKF irá a entrenar el próximo día como todo hijo de vecino, ¿Por qué seguiría llendo a entrenar si fuese el artista marcial completo?

Otra manera de visualizar el concepto completo, esta vez referido a la facción tradicional de las artes marciales, sería el caso de aquel artista marcial que conoce y domina a la perfección todos los Katas o formas de su estilo y cómo aplicarlos efectivamente en una situación hostil, los métodos de entrenamiento de su escuela y los trabajos complementarios. Pongamos el ejemplo de un Karateka de Goju Ryu por ser un estilo con pocos Katas, 12 incluyendo los básicos. Un gran maestro de Goju Ryu, que conoce estos 12 Katas, sus aplicaciones de bunkai, el entrenamiento específico de Goju Ryu y todo lo que concierne a su estilo, podría considerarse un artista marcial completo, pues conoce todo de su arte marcial.
Pero Hokama Tetsuhiro 10º Dan, uno de los más grandes maestros de Goju Ryu entrena cada semana, a parte de enseñar a sus alumnos. ¿Por qué seguiría entrenando si fuese el artista marcial completo?



Con diferentes (muy diferentes) ejemplos de algunas de las vertientes de las artes marciales he demostrado que sea como fuere, todos seguimos entrenando día a día, todos los que amamos las artes marciales sin importar al nivel que hayamos llegado o los éxitos que hayamos conseguido, metemos el gi en la mochila y entramos cada día al gimnasio sin sentirnos ni por un segundo llenos o completos como artistas marciales.


Y es que completar algo implica que haya un destino final el cual conseguimos al completarlo. 
No olvidemos que las artes marciales, o al menos como yo las comprendo, no consisten en una meta, sino en un camino, un viaje, y todo lo que ocurre durante el mismo.

Es por eso, porque quiero seguir viajando, porque quiero seguir caminando en mi Karate por lo que cada día me dejo la piel en el entrenamiento, sin importar la cantidad de Katas que conozca, el color del cinturón que sostiene mi chaqueta o los éxitos que pueda conseguir.
Es por eso que me gusta sentirme y ser un artista marcial incompleto.






22 dic 2013

Kuro Obi

Habiendo asistido recientemente a unos de los exámenes de grado realizados por la Federación Madrileña de Karate, en calidad de aspirante y de uke, he tenido la oportunidad de pasar una jornada completa en compañía de gran cantidad de Karatekas, de estilos y formas de ver el Karate muy diferentes. 
Practicantes de Shito Ryu, Shotokan, Uechi Ryu, Goju Ryu e incluso Wado Ryu, competidores, tradicionalistas y pragmáticos nos dimos cita ayer con un objetivo en común: Realizar un buen examen y alcanzar el siguiente grado que acredite el esfuerzo que depositamos cada día en el Karate.

Fué un buen día, al menos para mí, mi uke y para aquellos que conocía o tuve la suerte de conocer, pues si bien no todos los aspirantes, una gran mayoría conseguimos alcanzar nuestro objetivo.

El cinturón negro, o Kuro Obi siempre ha simbolizado la destreza, la maestría, es todo cuanto ansia cada nuevo karateka que entra por la puerta de cualquier gimnasio, que mira con ilusión y respeto a los más veteranos de la clase, aquellos que han conseguido la cinta negra, y sueña con el día en que pueda llevarla en su cintura.

Si bien esto es un ideal muy poderoso, no es muy realista, pues todos hemos admirado a los cinturones negros cuando éramos novatos pero con el tiempo descubrimos que no hay que estar hecho de una pasta especial para ser digno de la cinta, realmente hoy en día, cualquiera puede llegar a serlo con un mínimo de constancia y esfuerzo.

La verdadera enseñanza del cinturón negro, radica en que no es la meta, sino el comienzo, y esto es algo que sólo se comprende una vez alcanzado este punto. 

El camino del Karateka es similar al de una cría de salmón. Al igual que el karateka desde la primera vez que entra en el Dojo enfoca todos sus esfuerzos en obtener la meta, el Kuro Obi, la cría de salmón que nace en lo alto del río vuelca su energía para llegar a la desembocadura. 
Pero una vez que el pequeño salmón llega a la desembocadura del río, comprende que no es la meta, sino el comienzo, que dispone ante él de todo el vasto e inmenso mar.

Sólo me queda dar mi enhorabuena a todos aquellos que obtuvieron el Kuro Obi, pues tenéis ante vosotros el océano del Karate, dispuesto a que exploréis cada uno de sus rincones.